Boxeo

Casius Clay o Muhammad Ali

Casius Clay o Muhammad Ali

Siete Años de su Partida

El primer relámpago de la memoria nos retrotrae a más de medio siglo: el conquistado título olímpico en Roma 1960, en la división semi pesada, la medalla dorada arrojada al Río Ohio al ser discriminado en un bar de su Louisville nata;, las fuertes y penetrantes declaraciones con tono de queja social; los dos nocauts al “invencible” campeón de la mafia, Sonny Liston, conquistando el cinturón de los pesados a los 22 años, la fama mundial adquirida por sus grandes dotes mostrados sobre el ring, su boxeo mágico de piernas prodigiosas para » flotar como una mariposa y picar como una avispa”, 30 rivales derrotados en 7 años y ese rostro altivo, de severo gladiador pegar y no dejar que te peguen. Fue en 1967 cuando le retiraron la licencia de boxeador por no alistarse en el Army (Fuerzas Armadas) en plena guerra de Vietnam. Su explicación pública el día que le quitaron la corona mundial, sus argumentos siempre los mantuvo

-Dispararles, ¿por qué? Nunca me gritaron “negro”, nunca me lincharon, no me atacaron sus perros, no me robaron mi nacionalidad, no violaron ni mataron a mis padres. ¿Cómo podría dispararle a esa pobre gente? Simplemente, llévenme a la cárcel…- fue su pública declaración.

La memoria vuelve a flashear como un rayo aterrador y luminoso. Los tres años de la sanción marcaron el tiempo del vuelco definitivo a la religión. Creyó encontrar allí las respuestas a todos sus dilemas juveniles.

Decía “Cuando era niño no entendía lo que pasaba. Jesús era blanco, los ángeles eran blancos, Tarzán, el rey de la jungla, era blanco, Miss Estados Unidos era blanca, quería tener una escopeta y tirar al cielo para ser escuchado. Hasta los 18 años no supe bien qué pasaba, ya era boxeador y creo que lo fui por eso, para que alguien supiera que yo estaba en el mundo, después conocí a Wallace Muhammad, un predicador, él es hoy mi mejor amigo: me hizo entender que Dios estaba en mí como todos y que sería alguien en la vida si mejoraba lo que me gustaba y pensaba en los demás para compartirlo. La vieja lucha entre blancos y negros para mi terminó. –

Muere el más Grande

Su rostro se había transformado en una mueca enjuta y deformada en el instante final de la agonía, fue entonces cuando un médico de Guardia ingresó, lo hizo frente a su esposa Lonnie, a sus 9 hijos y a todos sus nietos, lo último que se escuchó, fue lo que le dijo el Imán Shakir: “El Paraíso te espera”. De inmediato reingresó el médico de guardia, comprobó que aquel inmenso corazón había dejado de latir y le cerró los ojos, en la habitación 263 del área de Terapia Intensiva del Centro Médico de Honor-Healt Scottsdale Osborn desconectó el respirador artificial que lo sostenía con un inútil hilo de vida, eran las 10.30 pm, del 3 de junio de 2016 y el Imán (predicador musulmán) Zaid Shakir, le tomó las manos inertes y llamó a la oración. El más grande boxeador de todos los tiempos, había fallecido. La evocación es un viento inevitable que remueve los sentidos y al cerrar sus pupilas lejos de todas sus glorias, el ilustre muerto se convertía en mito y leyenda. Aquella noche, la muerte del más grande boxeador de la historia pareció convertirse en un hecho natural. Lonnie, su cuarta esposa, con quien había compartido los últimos 30 años de su vida cuando ya Muhammad llevaba dos años luchando contra el Mal de Parkinson, salió de la habitación, a reunirse con Bob Gunnell de la funeraria Bunker Family Funeral Home a quien había convocado unas horas antes, fue éste quien le presentó a Jeff Gardner, el embalsamador del cuerpo de Muhammad Alí, pues éste debería ser conservado cuanto menos una semana antes de ser sepultado en el Cave Hill Cementery de Louisville (Kentucky), donde se halla su tumba.

Aquel cuerpo arrugado, mudo y diminuto al que bañaban con formol y cubrían con dos toallones blancos, había sido el de un atleta de perfecta estética y privilegiada fuerza, que al regresar al boxeo en el ’70, después de estar 3 años ausente de los rings por la sanción, logró una hazaña sorprendente al recuperar su título mundial, mientras iba dejando atrás a duros rivales como Jerry Quarry, Oscar Bonavena y superaba nuevamente a los mejores como Floyd Patterson, Bob Foster, Alvin Blue Lewis, Joe Bugner, Ken Norton y Joe Frazier (triunfo y derrota con cada uno de ellos), llegó la gran noche de octubre de 1974 en Kinsasha, Zaire, (hoy República Democrática del Congo) frente a George Foreman. Resulta inimaginable que ese cuerpito consumido y desnudo de 74 años haya sido el mismo que regó el ring de talento e inteligencia en aquella épica pelea frente a George Foreman o en aquella otra -la tercera- contra Frazier en Manila. Todos le pelearon hasta la agonía, pero sólo él alcanzó el éxtasis.

¿Quién era realmente ese hombre? Ese maravilloso atleta que recuperó tres veces su título mundial.

Ali respondió ,“El verdadero Alí es un hombre espiritual, un religioso; le haré una comparación que me pinta mejor: el pez es la gente, la carnada es el Alí boxeador y el anzuelo el Alí verdadero, el espiritual, cuando la gente cree comerse al bufón se está comiendo al predicador, está recibiendo la palabra de Dios, en tanto yo soy un simple vehículo de Dios, mientras los imbéciles de los periodistas se dedican a tomar en chiste mi palabra, millones de personas las están recibiendo en todo el mundo como un mensaje sincero y profundo.

El Mal de Parkinson lo atacó en 1984, dos años después de haber realizado sus últimos y tristes combates, fueron frente a un ex sparring, Larry Holmes, que llegó a ser campeón del mundo y la última contra el jamaiquino Trevor Berbick, peleador muy elemental, por cierto, que ambos le ganaron, pues Muhammad había dejado de ser él, sin descartar la sospecha que alguna enfermedad neurodegenerativa lo afectaba pues había perdido gran parte del control de su postura y de sus clásicos desplazamientos sobre el ring. El primer lamento del mundo fue cuando subió con tanto esfuerzo para encender el Pebetero de los Juegos Olímpicos de Atlanta 96, escenario visto por más de 220 millones de personas.

Los deseos de Muhammad para su propio funeral no pudieron ser cumplidos. Diez años antes de su muerte le había dicho a su esposa Lonnie y a algunos de sus hijos que quería ser despedido en el New York Yankee Stadium , donde juegan los Yankees de Nueva York, en el Bronx, para que sus hermanos latinos y negros pasaran a darle el último adiós sin que nadie los perturbara en la fila para ingresar, pero luego, ya avanzada la enfermedad, aceptó reconciliarse con su ciudad natal y durante siete días fue velado en el K.F.C Yum Center de Louisville, por donde desfilaron unas 500.000 personas llegadas de todo el país. Allí estuvieron las más emblemáticas figuras de todos los ámbitos de los Estados Unidos y fue el expresidente Bill Clinton –un hecho sin antecedentes el que un presidente de los Estados Unidos despida a un deportista- quien entre otras cosas manifestó en su elegía: “Creo que Muhammad Alí decidió muy joven lo que quería hacer de su vida y escribió su propia historia sin que le quitaran ese poder. Ni la raza, ni su lugar ni sus sueños dejarían de ser su lucha y por ello murió de la manera que quiso…”.

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Gustavo

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